Uno de los elementos que nos distinguen a los seres humanos del resto de los seres vivos es la capacidad para comunicarnos de manera sistematizada y comprensible, es decir, utilizando un lenguaje. El lenguaje es la base de la comunicación del ser humano que nos permite comunicar ideas, pensamientos y sentimientos entre dos o más personas.
Dependiendo de cómo lo utilicemos, construiremos e interpretaremos el mundo de una forma u otra. Esto quiere decir que debemos ser conscientes de lo que decimos, cómo lo decimos y las palabras que utilizamos para decirlo, ya que esto influirá en el mensaje final. Por este motivo es muy importante el lenguaje inclusivo, porque con el lenguaje integramos, marginamos, evolucionamos e incluso podemos transformar y visibilizar nuestros valores.
La Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (COCEMFE) ha creado un manual con pautas para el uso de un lenguaje correcto, respetuoso y consensuado para referirse a las personas con discapacidad física y orgánica.
Algunos de los puntos principales a tener en cuenta son:
Término adecuado: Persona con discapacidad
El término propio para hacer referencia a alguien que tiene discapacidad es “persona con discapacidad” porque las personas no son discapacitadas, sino que tienen una discapacidad, por eso es muy importante anteponer siempre la palabra “persona”. La discapacidad es una característica más de todas las que tenemos.
Además, persona con discapacidad es el término por el que se reconocen los derechos a este colectivo en el marco legislativo internacional que contempla la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de Naciones Unidas aprobada y ratificada por España.
Términos desaconsejables: “diversidad funcional”, “otras capacidades”, “capacidades diferentes” …
Todas las personas somos diferentes y esa es una de nuestras cualidades. El utilizar conceptos como “diferentes capacidades” hace invisible a este grupo social, por eso hay que evitar en cualquier medida utilizar ese tipo de términos.
El término discapacidad es el que aglutina derechos reconocidos legalmente y que cuenta con el mayor respaldo social. En ninguna ley se habla de diversidad funcional, por tanto, al menos en tanto no haya un reconocimiento y amparo legal para esta expresión, es mejor emplear el término discapacidad.
Términos no adecuados: “inválido”, “disminuido”, “retrasado”, “tullido” …
El uso de estos términos puede hacer que las personas con discapacidad se atribuyan un valor nulo y se hagan sentir inferiores. Es fundamental no herir con nuestras palabras a otras personas ni menospreciar sus capacidades.
Algunas claves para hacer un uso correcto del lenguaje inclusivo para referirnos a personas con discapacidad:
- Utilizar términos absolutos, poniendo siempre la palabra PERSONA delante. Evitar: “el discapacitado, la ciega, los epilépticos, una tetrapléjica, etc.”.
- No diremos que una persona SUFRE DE, PADECE DE, AFECTADO/A. Diremos una persona TIENE… Por ejemplo, UNA PERSONA TIENE FRIBROSIS QUÍSTICA.
Si tenemos que hacer una comparación entre personas que tienen discapacidad y personas que no o simplemente referirnos a las personas que no la tienen, no podemos utilizar el concepto “normal” porque todas las personas somos normales, por lo tanto, podemos emplear términos como “personas sin discapacidad” o “resto de la población”.